Jugar es cosa seria

22 03 2017

Catalina Murillo

Jurado Premio Joven Creación 2016

No me había dado cuenta –o no recordaba– que desde el inicio mismo Carlos Regueyra Bonilla nos da la pista crucial de su escritura: Escribir es jugar, nos dice un epígrafe, citando a Francisco Umbral. Y es lo que parece que hace Carlos: divertirse, alucinar, divagar con su observación y su lenguaje… pero (y esto me parece crucial): sobre una base muy concreta, cotidiana, cercana.

El texto se vuelve un pretexto. De un mundo que nos puede resultar un tanto ajeno, brotan de repente frases y observaciones que te devuelven al barrio y que tienen una sutil carga de humor: esa espuma en la que el chófer del bus va acomodando el menudo; o: “¿Diay, qué pasó con la dieta?”. Y también, tras una página entera dedicada  la descripción de una escena sexual, la voz narradora dice: “…y yo me abandono en un estremecimiento que me deja fuera de servicio”. El humor salta inesperado y nada prefabricado.

Ahora bien, estamos en el terreno de la novela llamada negra. No vale todo o vale todo siempre y cuando no falten ciertos ingredientes. Así que sí: en Seis tiros están todos los elementos sine qua non hablamos de novela negra, pero son como excusas para observar el mundo, el más próximo y cotidiano, repito. Hay en la historia misterio, sangre, un muerto, una detective… aunque todos un poco a la manera en que es un súper héroe el Chapulín Colorado: algo a la vez muy autóctono y a la vez totalmente lúdico e imaginado.

Dejo para el final la belleza, ese concepto tan resbaladizo. La belleza de la prosa. Muy en confianza y sin que nadie me oyera me gustaría decirle a Regueyra al oído: Qué bonito escribe. En boca de sus personajes terrenales sería como decirle: Papi, qué lindo que habla.

Hermosa, es una prosa hermosa. El adjetivo exacto, la metáfora sin rebuscar. La mirada difusa y la descripción precisa. Algo como un hombre enamorado sobrevuela todo el texto. Enamorado y seductor, esa fue mi sensación.

 





La edición en una editorial pública: la Editorial Costa Rica

3 02 2017

tipos-movilesM. L. Marianela Camacho Alfaro
Editora

Artículo publicado el 02/02/17  en la Revista Paquidermo

 

La Editorial Costa Rica (ECR) refleja hoy la visión, esfuerzos y logros de quienes la fundaron y han dirigido desde 1959. Esto se evidencia en su particular misión de ser difusora de la cultura literaria costarricense, tener un fondo editorial conformado por más de 1300 títulos, ser pionera en la edición de obras de literatura infantil y juvenil, contar con sus propios certámenes literarios, la publicación de 15 diferentes colecciones (constituidas por más de 270 tomos) y ser la primera casa editorial costarricense en editar libros electrónicos.

Este es un sello editorial reconocido en el país por su contribución a la cultura y al conocimiento; por las colecciones, títulos y autores de su catálogo. El Programa de Producción Editorial de primeras y nuevas ediciones –o “novedades”–, junto con el de reimpresiones, mantiene la vitalidad de un catálogo formado a lo largo de 57 años, que constituye el activo más importante de la Editorial.

El catálogo comercial del sello ECR cuenta en la actualidad con aproximadamente 250 títulos. Su línea editorial abarca la publicación de textos literarios –novela, cuento, teatro, crónica, ensayo y poesía–, pero también ha desarrollado su fondo editorial en áreas, temas o segmentos específicos: didáctica, infantil, juvenil, referencia, libro-álbum, novela gráfica.

Historia e hitos

Desde mi punto de vista, se pueden distinguir cuatro etapas en la historia de esta casa editora. La primera –fundacional– en la década del sesenta del siglo pasado: destaca por la edición de obras de la ‘Biblioteca de autores costarricenses’, así como el lanzamiento de las colecciones ‘Poetas nuevos de Costa Rica’, ‘Colección Popular’ y ‘La Propia’. En estas colecciones se recuperaban textos de autores ya consagrados para la época o libros descatalogados (obras y autores del siglo xix) o, bien, se publicaron obras de autores contemporáneos. La producción editorial es amplia e incluye la publicación de estudios históricos, jurídicos, ensayos de diversa índole, memorias, biografías, novelas, cuentos, poesía, piezas dramáticas, principalmente.

La segunda, en la década del setenta y ochenta, fue una etapa de enorme productividad y se editaron varias colecciones especializadas. Entre las más destacadas está la ‘Biblioteca Patria’, dirigida por Joaquín Gutiérrez y publicada a partir de 1975, que abarcó en sus 21 volúmenes el acontecer histórico, económico, ideológico, sociológico, etnográfico, filológico y científico del país; la ‘Colección popular de literatura universal’, cuya iniciativa de edición fue de Víctor Julio Peralta, que implicó la edición de más de 70 títulos, e incluía libros de autores de la talla de Cervantes, Quevedo, Wilde, Stevenson, Pérez Galdós, Chéjov, Twain, Ibsen, Dostoievski, entre muchos otros; la ‘Biblioteca del estudiante’, coordinada por Joaquín Gutiérrez (en algunos tomos en colaboración con Franklin Quevedo y Elena Nascimiento), comprendía antologías que reunían textos de diversos autores y estaban destinadas a diferentes niveles de la educación secundaria, en concordancia con los programas del MEP; la ‘Colección xxv Aniversario’, bajo la dirección de Víctor Julio Peralta, constó de 25 tomos con una selección de treinta y un novelas publicadas en Costa Rica entre 1900 y 1983; también las series ‘Libros de poesía’, ‘Libros de teatro’ y ‘Ensayos’, estas últimas editadas entre 1980 y 1985.

Asimismo, la Editorial Costa Rica ha impulsado desde la década del setenta la creación literaria al instaurar varios certámenes literarios: el Premio Editorial Costa Rica se instituyó en diciembre de 1971; en 1972 se convocó el primer Certamen Carmen Lyra de Literatura Infantil y Juvenil (este premio abrió la oportunidad para autores e ilustradores de incursionar en una modalidad que hasta ese momento había estado limitada al espacio pedagógico y marcó su desarrollo y consolidación en nuestro país). El Premio Joven Creación nació en 1976 por iniciativa de la Asociación de Autores de Obras Literarias, Artísticas y Científicas y contemplaba la edición de las obras de autores noveles.

La tercera etapa –década del noventa– corresponde a un periodo de altibajos: problemas económicos para la operación por falta de giros de la subvención estatal, falta de claridad en las políticas institucionales y discrepancias internas entre sus órganos directivos, irregularidad en el pago de los derechos de autor, dificultades para la venta y distribución –cuya consecuencia inmediata es la onerosa acumulación de libros en bodega– y los extensos plazos para la publicación de las obras provocaron la pérdida del catálogo de autores emblemáticos. Aunado a lo anterior, en este periodo en Costa Rica se consolidan las editoriales universitarias y emergen diversas editoriales privadas –incluyendo algunos sellos extranjeros–, lo que desembocó en profundas modificaciones en el mercado editorial y en el contexto comercial en el que hasta entonces se había desenvuelto la ECR –limitada, a su vez, por su propia ley de creación–. Esto mismo explica que la ECR fuera incapaz, en cierta medida, de incorporar o atraer a autores jóvenes de las nuevas generaciones a su catálogo.

A pesar de lo mencionado, un logro de esta época fue la publicación de la ‘Colección 40 Aniversario’, que se basó en la publicación de la obra más representativa de 20 reconocidos autores costarricenses del siglo xx.

La cuarta etapa discurre del 2000 al presente, pues en este año se aprueba una reforma a la Ley de Marcas (N° 7978, artículos 94 y 95) –gracias a la cual la ECR recibe una subvención estatal desde 1960–, que le asegura un financiamiento mensual permanente. Esto le permitió una recuperación económica tras la grave crisis financiera de la década anterior. Además, a partir del 2005, se establecen cambios en la estructura organizativa de la institución y se empiezan a trazar políticas claras a nivel estratégico en las áreas de producción editorial, difusión y mercadeo y ventas.

Actualmente, dicha subvención del Estado costarricense cubre un porcentaje cercano al 60% del presupuesto anual de operación y producción de la ECR, mientras el restante 40% es cubierto con ingresos propios producto de la venta de libros y derechos subsidiarios.

También en este periodo reciente se han abierto nuevas colecciones y líneas editoriales como la serie de Novela Negra, Colección Colibrí (libro-álbum y novela gráfica), Nueva Biblioteca Patria y Colección Popular de libros de bolsillo; finalmente, se lanzó su proyecto de libro digital, que incluye la edición, promoción, distribución y venta de libros electrónicos (en formato epub y audiolibro).

Balance actual y retos

El principal reto de una editorial como la ECR es crear un catálogo coherente conforme a la política editorial predefinida, así como publicar contenidos variados: obras que den voz a las culturas y perspectivas minoritarias, que protejan la cultura local-regional, trabajos de autores relevantes al entorno, libros que fomenten la expresión cultural (no ficción, poesía, arte, fotografía, etc.); es decir, que responda a sus objetivos sociales y culturales, aunque también juegue en el mercado, pues tiene que ser una empresa comercialmente rentable. De tal modo, el catálogo debe reflejar esa amplitud de voces y la diversidad de pensamiento (como bien cultural de la humanidad, es crucial porque se propicia el reconocimiento del otro). Esto, a su vez, posibilita la interlocución para sumarse al debate de ideas de la sociedad.

Desde una editorial pública, la edición también representa un compromiso social, en vista de que sus productos (a saber, los libros que se publiquen) afectan –positiva y negativamente– la educación, la cultura, el pensamiento y la sociedad.

Otro aspecto relevante es el relacionado con la distribución, venta y comercialización de sus libros, tanto en el mercado nacional como en el internacional. Desde este punto de vista, se requiere un cambio en los esquemas tradicionales del negocio para entender que el lector es el eslabón más importante de la cadena del sector editorial, pues es él quien realmente valida el libro: si gusta o no, si se vende o no. Esto último tiene dos implicaciones básicas: por un lado, se deben generar propuestas de valor que posibiliten llegar a la mayor cantidad de lectores posibles o potenciales y que ellos perciban el valor del contenido del libro (como un producto exclusivo con valor agregado y, al mismo tiempo, que sea considerado como un objeto valioso y consistente con su precio); por otro, modificar el proceso de producción del libro impreso y sumar los soportes digitales en el catálogo (libro electrónico, audiolibro, libros-app, etc.) para ajustarse a los nuevos formatos tecnológicos.

De forma sucinta, estos son los retos que deben enrumbar la planificación estratégica y el modelo de negocio de la ECR para enfrentar el presente y construir su futuro.





Literatura infantil y calidad

17 01 2017

POR CARLOS RUBIO

El creador de literatura para la niñez se coloca en el mismo nivel de las personas menores

En los últimos años, editoriales costarricenses han dado a conocer una copiosa producción de literatura dirigida a la niñez y la juventud. Se puede creer con ligereza que escribir, ilustrar, diseñar y editar libros para las jóvenes generaciones es tarea fácil. Todo lo contrario. Es necesario crear conciencia sobre la responsabilidad que ello implica.

Tal como lo evocaba Juan Ramón Jiménez, un texto literario para los más pequeños es un “libro bello, sin otra utilidad que su belleza”. Su misión fundamental se concentra, por sobre todo, en el encuentro con el goce estético, el sentido lúdico, la capacidad de imaginar, soñar, provocar enojo, desidia, tristeza o risa.

El creador de literatura para la niñez, sin olvidar la experiencia que ha amasado durante años, se coloca en el mismo nivel de las personas menores. María Elena Walsh lo expresaba con exactitud: “porque el lenguaje de infancia es un secreto entre los dos”. Es un discurso que no se hace “para” los niños, se forja “desde” esa infancia interna que nos habita. Allí nos atrevemos a realizar la travesura.

¿Texto didáctico? Puede creerse que la misión de la literatura infantil es la de desarrollar aprendizajes. Sin embargo, los cuentos que se narraron durante siglos, en diferentes culturas, y que se han convertido en referentes de los más pequeños, como La bella durmiente,Blancanieves,Hänsel y Gretel o Pulgarcito tratan temas que desvelarían a más de un adulto preocupado por el discurso “políticamente correcto”.

Son cuentos en los que se anuncian temas como el abuso sexual, el homicidio o el abandono infantil. Son obras en los que la moraleja no es explícita, cada lector construye su significado.

Los libros para los pequeños no tienen, como prioridad, la formación de conocimiento. Son los que se narran con curiosidad, temor o deleite antes de dormir; los que se guardan en el cajón de los juguetes, los que reposan al lado de la almohada.

Son los libros que los niños leen sin reserva y que se continúan leyendo, aun a hurtadillas, cuando ya los adultos han pedido que se apaguen las luces y que se dispongan al sueño.

Letras empequeñecidas. También hay libros escritos como si los menores carecieran de inteligencia, riqueza de léxico e información. Generalmente, con una paupérrima visión de la ternura, apelan a un lenguaje cargado de diminutivos como “casita”, “pijamita” o “escuelita”.

Hastiados de la puerilidad, los menores rechazan esos textos que, en muchas ocasiones, los aniñan más y les crean una visión distorsionada y cursi de las manifestaciones artísticas. Minimizar las posibilidades de pensamiento de los pequeños es una manera de violentarlos.

O bien, puede creerse que se hace una ruptura con anunciar, de manera ramplona, temas que aparentemente están reservados para las personas adultas. Que basta con mencionar guerras, conflictos políticos o expresiones de la sexualidad para transgredir límites y realizar una obra innovadora.

Primero que todo se debe ubicar que en los cuentos tradicionales, provenientes de la tradición oral, se presentaban temas que preocupaban a personas de cualquier edad como las migraciones, el abandono infantil o el homicidio.

Desde entonces, a los niños se les pueden hablar de todos los contenidos siempre y cuando no se deje de lado el goce estético, la ambigüedad de la metáfora o el final sorprendente.

Responsabilidad. Por eso, el autor o ilustrador debe leer constantemente los clásicos extranjeros y los costarricenses. Crear libros –de papel o electrónicos– no es un simple negocio, es un arte en el que se dibuja, en gran medida, el imaginario de los habitantes del nuevo siglo.

La Editorial Costa Rica, en los últimos años, constituye un grato ejemplo: ediciones cuidadas, ilustraciones innovadoras y obras meritorias impresas en papel o que se pueden leer en computadoras, tabletas o teléfonos móviles.

Es necesario que las editoriales públicas y privadas no publiquen, de manera atropellada, cualquier libro. Por el contrario, es conveniente que estimulen a sus autores e ilustradores a desarrollarse, crecer y ofrecer material competitivo en el ámbito nacional y extranjero.

De la misma forma, en las bibliotecas del Ministerio de Educación Pública deberían atesorarse las obras mejor escritas, ilustradas y editadas, pues allí se forja la visión estética del futuro.

Que no se pierda de vista que las jóvenes generaciones merecen textos de calidad.

Tomado de: La Nación. 07 de enero de 2017.
Artículo de Carlos Rubio, profesor en la UCR y la UNA.





Ahorcado

15 06 2016

Vos & yo
y nuestros cuerpos degollados
en una pieza in
grávida

Jacob Steinberg

bajo_la_luna

Comes helado de chips
porque chorrea desde el cielo
y me cae en los pies:

 

Viajas a velocidad luz
y yo tengo láseres
con los que te apunto en la sien.

 

Muerta vos,
me ahorco del menguante.

 

Juntos adornamos el cielo
desnudos de sangre.

 

-Danthe Thenad-





El mundo de la lectura sensibiliza todos los sentidos

2 06 2016

Compartimos este artículo de María Isabel Molina publicado en “Había una vez” N°23, revista de libros y literatura infantil y juvenil.

Durante 22 años estuvo a la cabeza de uno de los proyectos más ambiciosos en el ámbito del fomento lector nacional: dotar a los establecimientos educacionales de las más atractivas colecciones infantiles y juveniles. Por sus manos han pasado cientos de libros y ha observado de cerca los cambios de la escena editorial. Conversamos con Constanza Mekis, hasta hace unos meses coordinadora de las bibliotecas escolares CRA, sobre el devenir de la edición de literatura infantil y juvenil en Chile y el amplio panorama al que se enfrentan hoy los profesionales del sector.

Por María Isabel Molina

Constanza Mekis, fundadora del proyecto Bibliotecas Escolares CRA del Ministerio de Educación de Chile y actual presidenta de IBBY Chile. Fotografía de Cristóbal Marambio (2014)

Constanza Mekis, fundadora del proyecto Bibliotecas Escolares CRA del Ministerio de Educación de Chile y actual presidenta de IBBY Chile. Fotografía de Cristóbal Marambio (2014)

 

Constanza Mekis, fundadora del proyecto Bibliotecas Escolares CRA del Ministerio de Educación de Chile y actual presidenta de IBBY Chile. Fotografía de Cristóbal Marambio (2014)

En su comedor hay decenas de fotografías de escritores. Todas del mismo tamaño y perfectamente enmarcadas. Con esa misma mezcla de prolijidad y regocijo, Constanza Mekis aborda los temas relacionados con el fomento lector, los cambios en la calidad de las publicaciones chilenas y las transformaciones en las prácticas de la lectura de los niños.
En su rol de coordinadora de las bibliotecas CRA (Centros de Recursos del Aprendizaje), cargo que dejó recientemente, fue una testigo privilegiada de los cambios editoriales. Conversamos sobre editores, libros, ilustración y lectores.

 

A muy grandes rasgos, ¿ha cambiado la edición infantil y juvenil en los últimos 15 a 20 años?
Rotundamente, sí. Ha habido un cambio sideral en cuanto a las formas de leer, al acceso del libro y a la valoración del objeto libro. En los años noventa lo que presentaban algunas editoriales en Chile eran obras clásicas, que año a año se reeditaban. Estoy pensando en autores tradicionales como Coloane, Marcela Paz, Baldomero Lillo o lo que hacían Zig-Zag o Pehuén, en ese momento. Eran colecciones muy básicas: la materialidad de las ediciones no iban a la conquista del lector, a pesar de que tenían contenidos muy interesantes. En 10 a 12 años ya se vio un gran cambio: las editoriales dijeron “aquí estamos y tenemos que hacer un cambio”, que vino aparejado de nuevos factores y nuevos actores.
Mekis distingue en ese panorama tres momentos: uno que inicia Amanuta, con sus colecciones ilustradas, otro con Pehuén, editorial ya establecida pero que hace un fuerte giro y un tercer momento, con la aparición de sellos como Hueders, Letra Capital, Grafito, Confín, Gata Gorda…“Hoy hay apuestas muy claras y precisas con respecto a posicionar el libro álbum, de darle una fuerza al cómic. Ha sido muy interesante el proceso hacia el campo patrimonial u otros géneros, como el libro más visual y existe hoy un posicionamiento más fuerte de la ilustración”.
Sin embargo, este gran desarrollo no ha sido del todo parejo. Unos campos han crecido más que otros. “Se nota la supremacía que ha tenido el campo de la ilustración versus el campo narrativo: ahí tenemos una deuda y estamos debiendo nuestra riqueza de las palabras, de las ideas”.

Al comenzar, ¿revisaban catálogos extranjeros?
Claro. Sobre todo lo proveniente desde España, con apuestas de editoriales emergentes, que conseguían derechos y hacían buenas traducciones de obras francesas o alemanas que estaban en boga y podían llegar a Chile. Vimos cómo se iba poblando de materiales de calidad y la pregunta era ¿por qué esto que llega desde fuera no hacerlo desde acá? Y hoy, a pesar de que no ha cambiado el predominio extranjero en cuanto a las colecciones, ya se puede notar cierto equilibrio.

¿Y cómo fue tu proceso como lectora cuando te encontraste con estos libros?
Fue una grata sorpresa. Uno aplaudía estos libros que sorprendían tanto en la factura de tapa dura, que no se deshojaran, como en que no eran de papel roneo sino de papel de calidad. Porque antes todo era paupérrimo: las ilustraciones eran en blanco y negro porque, claro, era muy costoso.

¿Sabían ustedes de lo importante que sería el CRA y el rol que iban a jugar en la edición?
No, no fuimos conscientes de que estábamos insuflando algo tan extraordinario alrededor. Existía la necesidad de tener un catálogo robusto en distintas áreas y poco a poco las editoriales nos fueron acompañando. Primero hubo una conciencia editorial de responder y después, desde una respuesta básica, ellos mismos, al verse beneficiados fortalecieron su propia mecánica al entregar mejores libros. Era un engranaje o máquina creativa que se fue abriendo e invirtiendo, porque a su vez hizo eco en el mundo de los ilustradores. Se creó un círculo virtuoso.

¿Se posicionan en el mundo editorial formatos o contenidos en desmedro de la diversidad?
Creo que la gracia de toda esta evolución -o revolución- del campo editorial es que nos aproximamos a una diversidad de propuestas. Pero, depende. Porque ¿cómo hoy los libros nos muestran la diversidad de la familia, por ejemplo? Ahí no está tan presente esta diversidad. Por otra parte, en un momento se dice “ah, se necesitan leyendas”, y vamos todos con la leyenda. Ahora está la locura del libro informativo. Todavía hay una reacción a lo que se necesita y no una reflexión sobre cuáles son los grandes vacíos que existen en nuestro desarrollo editorial, un estudio profundo o un análisis en cuanto a temáticas, géneros, materialidad. Nos falta mayor conciencia de lo que producimos y lo que necesitamos.

¿Cómo reaccionan los establecimientos?
Hay un tremendo desafío porque hemos visto que desde la escuela eligen lo tradicional. ¿Cómo producir ese encantamiento para que ellos se entusiasmen por algo que no conocen? ¿Qué profesores están hoy capacitados para trabajar el cómic desde sus propias disciplinas? ¿Ven la potencialidad de este u otro lenguaje o está deshabitado el profesor en cuanto a las prácticas y didácticas de estas nuevas formas de leer?

Eso nos lleva a hablar de cómo el desarrollo editorial va acompañado de la lectura…
Exactamente. Y es ahí donde uno debiese poner la mayor cantidad de inteligencia, colaboración, aportes del extranjero y de creadores nuestros para llegar al corazón de la escuela y a la red de profesores con estas nuevas formas de leer. Y, si bien es cierto, los coordinadores y encargados CRA han tenido un conocimiento, eso “no hace verano” cuando tienes un grupo de alumnos y profesores que requieren encantarse con estas temáticas y construcciones tan diversas de hoy.

“Uno debiese poner la mayor inteligencia, colaboración y aportes de nuestros creadores para
llegar al corazón de la escuela y a la red docente con estas nuevas formas
de leer ”

¿Y si ahondamos en las prácticas de la lectura?
No le podemos pedir a este ciudadano que sea lector crítico y autónomo si tenemos una familia que no cuenta todavía con las herramientas culturales; porque leer no es solo leer un libro, sino leer una obra de arte o el cine o el mundo natural; entender la música, enfrentar una fotografía o entender la visión del autor en su contexto.
No obstante, hay factores de género que se han modificado: hoy podemos ver al padre llegar a leer; antes iba directo a ver la tele. Que la mujer cuente historias a los hijos, es más tradicional, pero hoy eso también lo hace el padre y me parece interesante como transformación cultural.

¿Cuáles serán los desafíos para las editoriales?
Los sellos se han focalizado en la ficción y hay que generar una producción de no ficción. Y ahí son otras inversiones. Pero los sellos también se han dado cuenta de las necesidades del lector, en que se cruzan el campo de la ficción y no ficción de una manera natural. Hay que engarzar ambos mundos: al lector le gustan la magia, el fútbol, la cocina, pero también la poesía y lo onírico.

En el ámbito actual de la edición, se habla de la autoedición o que faltan miradas regionales.
Ahí está el gran juego de la diversidad, que sea más inclusivo y las regiones se vean fortalecidas. En los extremos de nuestro país, tanto en Punta Arenas como en el Norte, he visto ediciones interesantes. Pero debiesen existir fondos regionales para creación de editoriales en distintas zonas.

¿Cuál es tu sueño para esta sociedad lectora?
Más que nada lo que genera la lectura, que es tener conciencia del otro. Si tenemos eso en nuestro caminar es porque hemos visto, conocido y nos hemos sensibilizado con los que piensan los demás. El mundo de la lectura sensibiliza todos los sentidos, tienes opinión, fundamentación y se te abre el corazón. Sería extraordinario que esa capacidad surja desde la escuela, la familia, el campo social para tener una sociedad digna.

Tomado de: Publicado en RHUV Nº23





Literatura infantil o la inefable búsqueda de una definición

4 05 2016

Carlos Rubio Torres

La Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional inauguraron un Rincón de Cuentos o biblioteca especializada en literatura infantil en la Escuela Sepecue, ubicada en Alta Talamanca, Limón. Es el primer centro dedicado al disfrute de la lectura, erigido en una zona indígena. Fue instalado en una edificación que guarda semejanzas con el usulé o la casa cónica ancestral de los indígenas bribris.

Me adentré en esa construcción circular. Allí encontré a un niño que, de manera espontánea, estiraba los brazos para agarrar un volumen que llamaba su atención. Tendría, si acaso, unos 10 años. Y, como muchos otros pequeños de esa escuela, juega fútbol y siente atracción hacia las recientes tecnologías, por ejemplo el uso de tabletas electrónicas y teléfonos celulares. Sin embargo, buscó un álbum ilustrado y se sentó a leerlo en la hamaca. Esa imagen simboliza el anhelo que hemos guardado escritores, educadores y promotores de lectura: el deseo de que un niño, de manera voluntaria, busque un libro y se solace con sus palabras e imágenes.

Por ese motivo, me concentraré en preguntar: ¿Qué es literatura infantil?

niños-leyendoEl concepto es de origen reciente. Margarita Dobles sostiene que es una categoría lingüística y un hecho histórico que se terminó de definir en el siglo XX. Y Adela Ferreto afirmaba: “tres son las fuentes que han nutrido la literatura infantil: el folclore, algunos textos de los grandes clásicos y los libros escritos, especialmente, para niños”. Rescataré aquí el valor de la palabra anónima, la folclórica. Joaquín García Monge lo advertía: “Al niño la literatura que más le conviene y le interesa es la folclórica, de su gente, de su tierra”.

Las cántigas de plazas y esquinas son las que se heredan sin recelo. Son las rondas, las adivinanzas, las retahílas, los romances y los dichos anónimos, repetidos por generaciones sin detenerse a pensar en su antigüedad. ¿Acaso se interpretaron por primera vez en la Península Ibérica? ¿Quién sabe? Lo cierto es que se han convertido en los versos fundadores del gozo de la palabra en nuestra infancia. Alfonso Chase rescató la esencia de esa palabra primigenia con su Libro de maravillas . Nos evoca una tonada que, posiblemente, ya no se escucha en los parques o los patios de las casas: “Pobrecita la huerfanita / que no tiene padre ni madre; / la echaremos a la calle / a llorar su desventura. // Desventura, desventura, / ¡carretón de la basura! // Cuando yo tenía mis padres / me vestían de oro y plata, / y ahora que no los tengo / me visten de pura lata. // Desventura, desventura, / ¡carretón de la basura!”.

Y lo que sucede es que esa huerfanita, desprovista de nombre, representa la necesidad y el temor de la liberación de la autoridad paterna. La niña de la canción puede ser la Cenicienta, Hänsel y Gretel, Blancanieves, Pulgarcito y sus hermanos o los chacalincitos que se adentran en la casita de las torrejas. Puede que sea la evocación a tantos niños del pasado, huérfanos, hijos de madres que no sobrevivían al parto, de perseguidos o parias, de las víctimas de la guerra.

Hans Christian Andersen

No obstante, la literatura infantil contemporánea no solo se nutre de fuentes folclóricas. Fue el hijo de un zapatero y una servidora doméstica el que nos abrió nuevas perspectivas sobre los libros que podían leer las personas menores. Nacido en la isla de Odense, Dinamarca, Hans Christian Andersen elaboró sus cuentos con retazos de su vida. Mucho costaría imaginarse que un hombre proveniente de una cuna humilde, durante la Revolución Industrial, pudiera dedicarse a la vida artística. Estaría condicionado a aprender el oficio de la sastrería como lo deseaba su madre o remendar calzado, como lo hizo su padre. Pero supo sobreponerse a su pobreza, su desenfadada y poco agraciada figura y marchó a Copenhague, capital de su país, para probar suerte como cantante o actor. Nada de eso fue posible, pero encontró la manera de autorretratarse en sus cuentos. Él es el patito feo que, despreciado por su desgarbada presencia, se convierte en un cisne.

Será por eso que la literatura infantil incomoda e irrita a muchas personas adultas. Incomoda porque no es complaciente con las concepciones curriculares de moda o las políticas que perfilan a un ser humano alienado, sin posibilidades de respuesta y pobre de criticidad.

Es una literatura que también constituye un acto de humildad pues la autoría no es cosa de uno, es un acto de complicidad entre el autor, el ilustrador, el diseñador gráfico y el editor. Difícilmente un niño escoge un libro tan solo por las cualidades de su escritura. Generalmente aprecia la obra literaria por su valor integral, por la síntesis de diversos lenguajes, de las letras, las artes visuales y calidad de la impresión.

Los niños necesitan la calidez de sus hogares, la seguridad del techo y la confianza que da su familia. Eso mismo, también, se encuentra en los libros. Por ese motivo, el acercamiento al texto literario nunca debe ser un ejercicio académico medido por rígidos criterios de evaluación. Por el contrario, debe ser un enfrentamiento cotidiano, espontáneo, voluntario y afectuoso.

Política congruente

Presentar la literatura con gracia, donaire, magia y entendimiento ha de ser responsabilidad clara de la familia, la escuela, las universidades y el gobierno. No representa una atribución de una dependencia ni de un ministerio, sino que debería formar parte de un plan de país, de la creación auténtica y congruente de una política nacional de lectura y fomento del libro. Así debe ser si, efectivamente, se anhela un pueblo pensante, propositivo y dispuesto a rescatarse del abandono.

Con el mismo espíritu con que nos aventuramos por los parajes de un cuento, regreso al punto de partida de nuestro viaje, al usulé de la Escuela Sepecue, en Talamanca, donde me encontré con un niño que extendía sus brazos para alcanzar un libro. Me pareció que quería asir el universo con todos sus murmullos, palabras y estrellas. El milagro ocurrirá cuando se siente en una hamaca y se disponga a dialogar con la huerfanita, el lobo, el tigre de agua, el patito feo, Uvieta o Cocorí; cuando descubra la universalidad de ese rincón íntimo y único; cuando escuche el eco de la frase de Kempis que amó el maestro García Monge, “In angello cum libello” o “En una pequeña esquina con un librito”. En su peregrinar por las páginas descubrirá esta inefable búsqueda de una definición, este tránsito del territorio de la incertidumbre al vuelo, a la luz.

Fragmentos extraídos del discurso de incorporación del escritor Carlos Rubio como miembro numerario, a la Academia Costarricense de la Lengua.





FORMAR LECTORES ANTES DE APRENDER A LEER

29 04 2016

Al cierre de este mes dedicado al libro compartimos el artículo “Formar lectores antes de aprender a leer” de Marcela Marzolo, Directora Ejecutiva de la Fundación Educacional Oportunidad, tomado de la página oficia de la organización chilena Elige Educar. 

 

marcela mEn Chile parece existir un consenso acerca de la importancia del hábito lector, y en los medios se escucha constantemente la voz de los mismos chilenos decir que leemos poco. Desde el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) han surgido distintas iniciativas a distintos niveles, desde el concurso “Mi libro favorito”, organizado por la DIBAM, hasta la Política de Lectura del CNCA, que se llevará a la práctica a través del Plan de Fomento Lector 2015-2019 y que asocia al sector público, al privado, a ONGs y organizaciones de la sociedad civil –encontrándose Fundación Educacional Oportunidad trabajando en dicho plan como parte de estas últimas.

Todos estamos de acuerdo en que más que fomentar la lectura, debemos formar personas lectoras, es decir, que posean el hábito lector. Según la investigación, la lectura modifica el carácter, las emociones e incluso la personalidad. De este modo, los que leen asiduamente captan mejor las emociones de otros y las hacen suyas con facilidad, favoreciendo el desarrollo de la empatía. Los niños expuestos a la lectura tienen mayor habilidad de ponerse en los zapatos de otros, sean estos personajes de ficción o personas reales.

Pero existe una fuerte tendencia a creer que dicho hábito lector requiere de saber leer para desarrollarse. Ese es un mito que queremos derribar. Es importante que juguemos con los cuentos. Sólo se necesita creatividad e imaginación. No siempre necesitamos un libro: la narración oral y la invención de historias crean en los niños la curiosidad por la ficción. Un cuento tiene personajes que se pueden convertir en títeres, historias que se pueden convertir en canciones, finales que pueden modificarse, y con ello ya se está generando en los niños el interés por la narrativa.

Además, si a esto sumamos que los niños desde su nacimiento puedan manipular libros físicos acordes con su edad, ya sean aquellos plásticos que pueden meter en la tina de baño, libros con dibujos y/o con tareas que deban realizar, como por ejemplo buscar o identificar algo, libros con texturas, etc. La literatura infantil, además de suponer el primer contacto de la infancia con las creaciones literarias, constituye un excelente recurso a la hora de desarrollar su personalidad, creatividad, imaginación y juicio crítico.

El hábito lector no debiese surgir desde la disciplina o como una obligación, leer debe causar placer y estar asociado con sentimientos agradables. Para eso es necesario familiarizar a los niños con los libros como algo con lo que pueden jugar desde pequeños, hojear, mirar, manipular. Así, el libro se convierte en un objeto familiar. Un libro impecable es un libro que jamás se ha usado. Los niños van descubriendo lo que es ser lector al manipular los libros. Para un niño pequeño un libro es un juguete.

Formamos niños lectores no sólo en cuanto ellos leen por sí mismos; la mayoría de nuestros recuerdos de la infancia se relacionan con el afecto y la diversión. En los niños, el afecto se asocia con el bienestar que da, por ejemplo, que sus padres les cuenten un cuento o les lean una historia de manera cercana y cariñosa. Debemos formar lectores desde el afecto para que la lectura sea un hábito que provoque y evoque esas sensaciones placenteras de la infancia en la edad adulta.

Para ello, nosotros los adultos debemos ser los modelos lectores: esto significa tener siempre un libro a mano. Demostrar interés por los libros. Demostrar interés por lo que los otros leen y considerar la lectura como otra forma de entretención. También significa reírse, llorar y sorprenderse con lo leído, en voz alta y sin vergüenza. Si somos modelos lectores, tendremos más niños lectores.