Sábado por la tarde

27 05 2013

Los invitamos a leer el relato Sábado por la tarde, de Marco V. Aragonés, autor que obtuvo el primer lugar del Premio Joven Creación 2012 de la Editorial Costa Rica.

Marco V. Aragonés

I

—Las cosas ya no son como antes y esto ya no tiene sentido -le dice la quinceañera al joven poeta cuando se despide frente a su casa.

De regreso a su apartamento el joven poeta recuerda el viaje a la playa con la quinceañera en el que gastó todos sus ahorros, el tipo con el que se partió la cara porque la sacó a bailar y le dio un beso, la discusión sobre los celos que tuvieron afuera del bar, su regreso al hotel que ella llamaba hotelucho de comehuevos, la pulsera que le compró pidiéndole plata a un gringo en la playa y cuando fue a buscarla al bar y se la encontró sentada en una acera llorando. Recuerda eso y recuerda “Las cosas ya no son como antes y esto ya no tiene sentido” ¿Y cuándo tuvieron sentido las cosas? piensa el joven poeta que llama a la quinceañera a las dos de la mañana para gritarle la lista de insultos que ha escrito sentado en la banca de un parque donde lo cagaron tres palomas y un policía le pidió la cédula.

No conforme con los insultos el joven poeta regresa entonces a la casa de la quinceañera y de una pedrada logra quebrar el vidrio de su cuarto soltando al viento los nuevos insultos que pensó en el camino. El papá de la quinceañera sale entonces de la casa y lo agarra por el cuello, y lo bota al suelo, y le da una patada en el estómago y un puñetazo en la nariz.

El joven poeta regresa a su apartamento, abre la puerta de su habitación, se limpia la sangre con la sábana de la cama y busca la botella de ron que había dejado a medias desde el 31 de diciembre.

El joven poeta empieza a llorar y busca el disco de Baglioni para llorar con más ganas, abre la ventana que da a la calle subiéndole todo el volumen a la grabadora y canta dos veces Sábado por la tarde a gritos.

Los vecinos llaman a la policía. En cinco minutos llega una patrulla. Los dos policías se ríen a carcajadas desde la calle al ver el clásico borracho descorazonado que es el joven poeta en ese momento.

Tomando conciencia de su decadente estado el joven poeta decide que no tomará más, que no llorará más, que no escuchará otra vez Sábado por la tarde y se sienta al escritorio repitiendo “Algún día voy a ser un poeta famoso y te vas arrepentir” y comienza a escribir los primeros versos de un poemario que le va a dedicar a la quinceañera para que le duela más, para que se arrepienta por todos sus caprichos.

Por la mañana el joven poeta se levanta con la cabeza hecha un carrusel de turno. Se toma un café, enciende la computadora y busca información acerca de la carrera de ingeniería civil y busca los 10 mejores consejos para ligarse una mujer mayor de 30.

La quinceañera llama por la tarde al joven poeta y le dice que su papá lo demandó por daños a la propiedad privada y el joven poeta busca Bella idiota de Masini para que la quinceañera la escuche por el teléfono.

El joven poeta le pregunta si aquella noche en la playa se acostó con el tipo del bar. La quinceañera le contesta que no buscaba poesía en ese momento, y que el tipo del bar tenía un BM.

El joven poeta le confiesa a la quinceañera que se quería casar con ella y vivir juntos en el apartamento, la palabra I-LU-SO le cae al joven poeta como balde de agua fría.

El joven poeta deja de llorar y llama a todos sus amigos para hacer una fiesta en su apartamento. Cinco de los amigos le dicen que llegarán a las nueve para ver el partido. El joven poeta compra una promo de 12 cervezas, un paquete de papas tostadas y un tarro de frijoles molidos en el supermercado.

El joven poeta ordena el apartamento y limpia con la sábana ensangrentada la pantalla del televisor. Los amigos llegan a las nueve y se toman las cervezas y se comen las papas con los frijoles. El joven poeta no prueba bocado, se queda en silencio viendo a su equipo favorito perder por goleada. Luego se encierra en su cuarto gritando que se va a suicidar tomandosé 30 cardioaspirinas y una cerveza. Sábado por la tarde suena a todo volumen. Los amigos le ruegan que no haga una estupidez, que es un buen poeta y que tiene mucho futuro por delante.

Los amigos tratan de botar la puerta y el joven poeta se recuesta en la cama, contento de que otros sufran tanto por él.

Los amigos llaman a un cerrajero y el joven poeta piensa en lo caro que sería comprar 30 cardioaspirinas.

II

—No te reconocí, estás muy cambiado. Ahora te dejás la barba -le dice la veinteañera al joven poeta cuando se sienta a su lado en el autobús.

El joven poeta le enseña su primer poemario recién publicado y la veinteañera lo hojea sin ver la dedicatoria y le dice que siempre supo que iba a lograr sus metas, que era un buen tipo y que se merecía lo mejor del mundo.

El joven poeta la invita a un café al bajar del autobús y la veinteañera le responde que unas amigas la esperan en la universidad para estudiar, que el jueves en la noche celebraría su cumpleaños con unos amigos y que estaba invitado.

El joven poeta llama a la veinteañera el jueves a las doce de la noche para desearle feliz cumpleaños y decirle que está ansioso por volverla a ver y conocer su nueva casa.

El joven poeta compra una botella Johnnie Walker para llevarla a la fiesta y un reloj Steiner como regalo, gastando así sus ahorros de medio año.

Al llegar a la casa la veinteañera lo presenta ante sus amigos universitarios como la joven promesa de la poesía actual. El joven poeta le pone el Steiner en la muñeca y la abraza con fuerza pensando en todo el tiempo perdido por los errores de la adolescencia.

Los amigos universitarios hablan de derecho magistral, de derecho mercantil, de la ley procesal penal, de la facultad, de los profesores y demás cosas que el joven poeta ignora.

Ninguna de los amigos universitarios toma del Johnnie Walker y la veinteañera deja el Steiner sobre la mesa porque se bañaría para salir. El joven poeta intenta leer un fragmento de su libro pero los amigos universitarios no le prestan atención y continúan hablando de los chismes más frescos de la facultad de Derecho.

El joven poeta se dedica entonces a tomarse él solo el Johnnie Walker afuera de la casa.

De un BMW negro se baja un tipo rubio con lentes oscuros y jacket de cuero que le dice al joven poeta que se lo cuide bien porque acaba de sacarlo de la agencia.

El joven poeta entra borracho a la casa y la veinteañera al verlo se le tira encima para abrazarlo y enseñarle el reluciente anillo de compromiso que le regaló el tipo del BM. El joven poeta sonríe mientras siente que le extirpan el estómago y los dos pulmones juntos, y se sienta en el sillón de la sala riendo a carcajadas como un desquiciado mientras le dispara a la veinteañera una sarta de insultos improvisados para el momento. El tipo del BM se quita los lentes y toma del cuello al joven poeta y lo saca de la casa y le da un puñetazo en la quijada, una patada en el estómago y un codazo por la boca.

El joven poeta le pasa la llave de su apartamento al BMW por la tapa y el tipo del BM lo alcanza corriendo cuando ya el joven poeta huía para darle un último puñetazo en las costillas y una patada que duele en la zona baja del alma.

El joven poeta alcanza a pedir un taxi. Regresa a su apartamento y se limpia la sangre con la sábana de la cama. Busca el disco de Baglioni y canta a gritos No quiero enamorarme más con la botella de Johnnie Walker en una mano, con un frasco de cardioaspirinas en la otra, con la ventana abierta y la grabadora a todo volumen.

El joven poeta llama a sus amigos para hacer una fiesta. Los vecinos llaman a la policía. El joven poeta les dice a los policías que se lanzará por la ventana y los policías le contestan que sería una verdadera pena una botella de Johnnie Walker a medio terminar reventada contra el suelo.

III

—Llevamos tanto sin vernos. Es increíble cómo pasa el tiempo -le dice la treintañera al joven poeta al finalizar el recital en el que ha sido aplaudido de pie, y lo felicita por el Premio Centroamericano de Poesía que ha recibido con honores. La treintañera le comenta además que en los periódicos se escribe de él como la revelación literaria del país.

El joven poeta invita a la treintañera a tomarse un café. La treintañera acepta diciéndole que lamenta todo lo sucedido la última vez que se vieron en su casa. El joven poeta le dice que no se preocupe, que el éxito cura todas las heridas y le abre la puerta de su Datsun modelo 72 para dirigirse al café más cercano.

En el camino la treintañera le cuenta al joven poeta de su viaje a Francia y le enseña algunas de las fotografías que se tomó en el puerto de Marsella. El joven poeta le pregunta por el tipo del BM y la treintañera le contesta que descubrió que era narcotraficante y que se acostaba con una modelo colombiana de lencería.

La treintañera se pone a llorar desconsolada y en la emisora romántica suena Pequeño gran amor de Baglioni. El joven poeta discretamente le sube el volumen a la radio de su Datsun 72 y toma todo aquello como una señal divina.

Mientras busca un lugar para parquear su Datsun 72 al frente del café la treintañera le da un beso en la mejilla y le dice que todavía tiene el reloj Steiner que le regaló en su cumpleaños. El joven poeta comenta que es una esplendorosa tarde de fin de semana para quedarse en un café y la invita a la playa, que está a menos de diez minutos, para recordar viejos tiempos. La treintañera acepta limpiándose las lágrimas y el locutor de la emisora romántica saluda a todos los enamorados que disfrutan juntos de la tarde.

Después de la publicidad continua el especial de Baglioni.

La playa está desierta y la treintañera sale corriendo a la costa. Al alcanzarla el joven poeta le dice que el atardecer es suave como en un cuadro de Van Gogh.

Los dos se sientan en la playa. La treintañera le pide al joven poeta que le lea uno de sus textos. Cuando el joven poeta termina de leer la treintañera le dice que lo que más admira de él es que a pesar de su éxito literario sigue siendo un tipo tan simpático y amable como siempre. El joven poeta le dice a la treintañera que le dé un momento para acercar el Datsun 72 a la costa y seguir escuchando a Baglioni. La treintañera le contesta que le encantan las canciones de Baglioni y le da otro beso en la mejilla.

Cuando el joven poeta se acerca con su Datsun 72 a la playa se encuentra a la treintañera hablando por teléfono. El joven poeta espera a que termine mientras escucha los datos biográficos de Claudio Baglioni que repasa el locutor de la emisora romántica.

La treintañera termina la llamada y le dice al joven poeta que la lleve de inmediato al hospital, que el tipo del BM ha sufrido un accidente y desea ir a verlo, que no puede negar que todavía lo quiere, a pesar de sus engaños.

El joven poeta siente de nuevo el balde de agua fría, la cagada de todas las palomas del mundo, cada patada y puñetazo recibido desde su infancia, la extirpación del estómago y los dos pulmones juntos.

El joven poeta le dispara entonces a la treintañera la recopilación de los mejores insultos que le ha dicho y le grita que la llevará al hospital y que luego se suicidara ahogándose en el mar. La treintañera le responde que es el muerto más patético del mundo y le pregunta cuantas veces se ha suicidado ya.

La treintañera se marcha a pie y el joven poeta se queda solo, con su atardecer de Van Gogh y su poemario en las manos.

Después de veinte minutos de llanto continuo dos tipos llegan a la solitaria playa, encañonan al joven poeta y se llevan su Datsun 72 sacándole el dedo del centro por la ventana.

El joven poeta se queda solo de nuevo, esta vez mira el mar y piensa como arde en los ojos el agua salada.

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