La edición en una editorial pública: la Editorial Costa Rica

3 02 2017

tipos-movilesM. L. Marianela Camacho Alfaro
Editora

Artículo publicado el 02/02/17  en la Revista Paquidermo

 

La Editorial Costa Rica (ECR) refleja hoy la visión, esfuerzos y logros de quienes la fundaron y han dirigido desde 1959. Esto se evidencia en su particular misión de ser difusora de la cultura literaria costarricense, tener un fondo editorial conformado por más de 1300 títulos, ser pionera en la edición de obras de literatura infantil y juvenil, contar con sus propios certámenes literarios, la publicación de 15 diferentes colecciones (constituidas por más de 270 tomos) y ser la primera casa editorial costarricense en editar libros electrónicos.

Este es un sello editorial reconocido en el país por su contribución a la cultura y al conocimiento; por las colecciones, títulos y autores de su catálogo. El Programa de Producción Editorial de primeras y nuevas ediciones –o “novedades”–, junto con el de reimpresiones, mantiene la vitalidad de un catálogo formado a lo largo de 57 años, que constituye el activo más importante de la Editorial.

El catálogo comercial del sello ECR cuenta en la actualidad con aproximadamente 250 títulos. Su línea editorial abarca la publicación de textos literarios –novela, cuento, teatro, crónica, ensayo y poesía–, pero también ha desarrollado su fondo editorial en áreas, temas o segmentos específicos: didáctica, infantil, juvenil, referencia, libro-álbum, novela gráfica.

Historia e hitos

Desde mi punto de vista, se pueden distinguir cuatro etapas en la historia de esta casa editora. La primera –fundacional– en la década del sesenta del siglo pasado: destaca por la edición de obras de la ‘Biblioteca de autores costarricenses’, así como el lanzamiento de las colecciones ‘Poetas nuevos de Costa Rica’, ‘Colección Popular’ y ‘La Propia’. En estas colecciones se recuperaban textos de autores ya consagrados para la época o libros descatalogados (obras y autores del siglo xix) o, bien, se publicaron obras de autores contemporáneos. La producción editorial es amplia e incluye la publicación de estudios históricos, jurídicos, ensayos de diversa índole, memorias, biografías, novelas, cuentos, poesía, piezas dramáticas, principalmente.

La segunda, en la década del setenta y ochenta, fue una etapa de enorme productividad y se editaron varias colecciones especializadas. Entre las más destacadas está la ‘Biblioteca Patria’, dirigida por Joaquín Gutiérrez y publicada a partir de 1975, que abarcó en sus 21 volúmenes el acontecer histórico, económico, ideológico, sociológico, etnográfico, filológico y científico del país; la ‘Colección popular de literatura universal’, cuya iniciativa de edición fue de Víctor Julio Peralta, que implicó la edición de más de 70 títulos, e incluía libros de autores de la talla de Cervantes, Quevedo, Wilde, Stevenson, Pérez Galdós, Chéjov, Twain, Ibsen, Dostoievski, entre muchos otros; la ‘Biblioteca del estudiante’, coordinada por Joaquín Gutiérrez (en algunos tomos en colaboración con Franklin Quevedo y Elena Nascimiento), comprendía antologías que reunían textos de diversos autores y estaban destinadas a diferentes niveles de la educación secundaria, en concordancia con los programas del MEP; la ‘Colección xxv Aniversario’, bajo la dirección de Víctor Julio Peralta, constó de 25 tomos con una selección de treinta y un novelas publicadas en Costa Rica entre 1900 y 1983; también las series ‘Libros de poesía’, ‘Libros de teatro’ y ‘Ensayos’, estas últimas editadas entre 1980 y 1985.

Asimismo, la Editorial Costa Rica ha impulsado desde la década del setenta la creación literaria al instaurar varios certámenes literarios: el Premio Editorial Costa Rica se instituyó en diciembre de 1971; en 1972 se convocó el primer Certamen Carmen Lyra de Literatura Infantil y Juvenil (este premio abrió la oportunidad para autores e ilustradores de incursionar en una modalidad que hasta ese momento había estado limitada al espacio pedagógico y marcó su desarrollo y consolidación en nuestro país). El Premio Joven Creación nació en 1976 por iniciativa de la Asociación de Autores de Obras Literarias, Artísticas y Científicas y contemplaba la edición de las obras de autores noveles.

La tercera etapa –década del noventa– corresponde a un periodo de altibajos: problemas económicos para la operación por falta de giros de la subvención estatal, falta de claridad en las políticas institucionales y discrepancias internas entre sus órganos directivos, irregularidad en el pago de los derechos de autor, dificultades para la venta y distribución –cuya consecuencia inmediata es la onerosa acumulación de libros en bodega– y los extensos plazos para la publicación de las obras provocaron la pérdida del catálogo de autores emblemáticos. Aunado a lo anterior, en este periodo en Costa Rica se consolidan las editoriales universitarias y emergen diversas editoriales privadas –incluyendo algunos sellos extranjeros–, lo que desembocó en profundas modificaciones en el mercado editorial y en el contexto comercial en el que hasta entonces se había desenvuelto la ECR –limitada, a su vez, por su propia ley de creación–. Esto mismo explica que la ECR fuera incapaz, en cierta medida, de incorporar o atraer a autores jóvenes de las nuevas generaciones a su catálogo.

A pesar de lo mencionado, un logro de esta época fue la publicación de la ‘Colección 40 Aniversario’, que se basó en la publicación de la obra más representativa de 20 reconocidos autores costarricenses del siglo xx.

La cuarta etapa discurre del 2000 al presente, pues en este año se aprueba una reforma a la Ley de Marcas (N° 7978, artículos 94 y 95) –gracias a la cual la ECR recibe una subvención estatal desde 1960–, que le asegura un financiamiento mensual permanente. Esto le permitió una recuperación económica tras la grave crisis financiera de la década anterior. Además, a partir del 2005, se establecen cambios en la estructura organizativa de la institución y se empiezan a trazar políticas claras a nivel estratégico en las áreas de producción editorial, difusión y mercadeo y ventas.

Actualmente, dicha subvención del Estado costarricense cubre un porcentaje cercano al 60% del presupuesto anual de operación y producción de la ECR, mientras el restante 40% es cubierto con ingresos propios producto de la venta de libros y derechos subsidiarios.

También en este periodo reciente se han abierto nuevas colecciones y líneas editoriales como la serie de Novela Negra, Colección Colibrí (libro-álbum y novela gráfica), Nueva Biblioteca Patria y Colección Popular de libros de bolsillo; finalmente, se lanzó su proyecto de libro digital, que incluye la edición, promoción, distribución y venta de libros electrónicos (en formato epub y audiolibro).

Balance actual y retos

El principal reto de una editorial como la ECR es crear un catálogo coherente conforme a la política editorial predefinida, así como publicar contenidos variados: obras que den voz a las culturas y perspectivas minoritarias, que protejan la cultura local-regional, trabajos de autores relevantes al entorno, libros que fomenten la expresión cultural (no ficción, poesía, arte, fotografía, etc.); es decir, que responda a sus objetivos sociales y culturales, aunque también juegue en el mercado, pues tiene que ser una empresa comercialmente rentable. De tal modo, el catálogo debe reflejar esa amplitud de voces y la diversidad de pensamiento (como bien cultural de la humanidad, es crucial porque se propicia el reconocimiento del otro). Esto, a su vez, posibilita la interlocución para sumarse al debate de ideas de la sociedad.

Desde una editorial pública, la edición también representa un compromiso social, en vista de que sus productos (a saber, los libros que se publiquen) afectan –positiva y negativamente– la educación, la cultura, el pensamiento y la sociedad.

Otro aspecto relevante es el relacionado con la distribución, venta y comercialización de sus libros, tanto en el mercado nacional como en el internacional. Desde este punto de vista, se requiere un cambio en los esquemas tradicionales del negocio para entender que el lector es el eslabón más importante de la cadena del sector editorial, pues es él quien realmente valida el libro: si gusta o no, si se vende o no. Esto último tiene dos implicaciones básicas: por un lado, se deben generar propuestas de valor que posibiliten llegar a la mayor cantidad de lectores posibles o potenciales y que ellos perciban el valor del contenido del libro (como un producto exclusivo con valor agregado y, al mismo tiempo, que sea considerado como un objeto valioso y consistente con su precio); por otro, modificar el proceso de producción del libro impreso y sumar los soportes digitales en el catálogo (libro electrónico, audiolibro, libros-app, etc.) para ajustarse a los nuevos formatos tecnológicos.

De forma sucinta, estos son los retos que deben enrumbar la planificación estratégica y el modelo de negocio de la ECR para enfrentar el presente y construir su futuro.

Anuncios