Poemas de José Miguel Rojas

14 12 2011

28.

Habría querido que el tiempo

se hubiera detenido

en tu espalda

aquella noche.


Desamor

Se volvieron hienas.

Se mordieron.

El delicado abrazo

se volvió

estrangulamiento.

Asfixia

Nunca más volvieron

a sentir

fuego

sólo odio entre las encías.

 

El hastío

se les fue incrustando

como un vidriecito

por todas las partes

más imposibles del cuerpo.

 

Durante varias noches

y antes de dormirse

un beso

o una caricia

no era la manera

de terminar el día

sino el sacarse del pecho

sus corazones

para no sentirse.

 

Cada uno en su silencio

colocaban el suyo

en mesas distantes

para no tocarse

ni en su sangre

ni en su sombra.


Sudario para un desnudo rojo


“Como el grana fugaz de una amapola”.

Rafael Alberti

Desnuda

 

entras

 

en tu círculo.

 

Inicias

-bella en tu belleza-

el rito

diurno-nocturno :

invocación de nombres.

 

El rojo es elegido.

 

Tus manos lo dispersan en una

entrega

de caricias hasta completar una

total desnudez

sensual

húmeda.

 

La manta cruda

zona sagrada

sudario o mar adormecido

espera

recibir tu cuerpo ungido como ofrenda.


Soy ese río rojo

incontenible

impostergable

-dices-

una mujer en llamas.

 

El rojo discurre.

 

Se vuelve lava.

La herida se abre.

 

Caudal vaginal.

Rojo que enseña

la sensualidad de la carne.

La piel impresa.

La marca del fuego.

 

Los labios se insinúan.

Los senos delatan estar erizados.

Las manos distraídas

no impiden

la presencia del pubis.

Los muslos

expresan

la longitud de este río

inabarcable

que eres.

 

Los pies abandonan la tierra.

Levitan

Queda temblando el mundo

como cuando

una piedra

rompe

la quietud del agua.

 

Un sudario

posee

la impronta de tu cuerpo.

Poemas extraídos del libro inédito “Narcótico delirio”.

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