Poemas de Manuel Luna (segunda entrega)

25 05 2012

 

La dulce muerte en tres actos

 

Acto  Primero: La Herida

 

Ruedas que giran,

sordas dibujan espirales en el tiempo,

rompen y rasgan, como aguas hirientes la cordillera,

agrietan las maderas que contienen la locura,

espirales que en todo crecen

y a la noche expuesta desesperan,

su frío es conquista que somete a las hogueras

¿Quién podría fundir alma y viento,

volar al infinito vacio de línea y manos?

resistir su aroma, su trazo de mancha en rosa,

¿Quién podría renunciar arrojarse a contemplarla,

apoyada en el marco de mis puertas?

renunciar a las divinidades cobardes

inmolar  palabra y sangre por uno solo de sus gestos,

quién podría distanciar reducir métricas y versos

volver encuentro su luna y mi planeta

empalar mi ego, volverle lágrima con causa y sin esquema.

 

 

Acto Segundo: La Agónica Epifanía

 

Todo en la casa es inerte rutina

sombra inamovible,

me la nombra, me ataca, nada me la perdona,

todo la sangra,

hasta la luna la conserva en uno de sus moretes ,

me llora, me ruega –tráemela-, -amala de nuevo-,

Pero ella sintió temor ante mi sentencia:

-cuando estoy feliz nada prometo-

-con dolor ausente, el trueno es lejano,

hasta la noche niega y carece de tiniebla,

¿quién recuerda en la cima la sangre,

el silencio del DIOS que uno quiere,

o la voz del DIABLO en el que no creo cuando tienta y teme

-cuando estoy feliz nada prometo-

no escucho: -soy libre y a ti me entrego-

 

Acto Tercero: La Impostergable y Graciosa Muerte

 

Ya de noche y triste,

no aventuro idealizar su regreso,

voló donde la luz duda y se rompe,

yo siempre fui paso,

ella profunda huella,

marca de sangre, ensayo y salida,

ya no puedo a la posibilidad de su milagro,

al nombre de su estrella,

que guarda las rosas alumbrando el vientre de las guitarras,

hoy por fin es recuerdo, crepúsculo cardiaco

rojos reflejos que se abandonan y con las olas huyen,

ella es recuerdo ave que pasa

olvidando sus alas y solo eso.


 

Anhelo

“Ella que transforma la soledad

en prisa o delirio…”

Milton Zárate

Adiviné el curso de su mirada

entre la niebla,

entre todo lo afilado del mundo,

tierna saeta paso a la plácida muerte,

partiendo el crudo corazón en mitades sangrantes,

disolvió mi discordia,

apaciguó mis desmanes,

con la virtudes que niega,

y los defectos que me ofrece.

 

 

Nada puede ser más dulce,

ahí, donde retrocede sin moverse,

y mis labios desangrados pueden mil poemas,

será lo que nunca dejé se creyeran los dioses,

un beso donde reposar

tiernos,

sin nombres ni reproches,

ser vidas que solo cuelgan para dar rabia,

una noche, dos infancias,

vida al minuto y a la carne,

volar inmensos, mortal obra del espíritu.

 

 

Dos amores invisibles,

barro húmedo fugitivos de manos comunes,

sin recoger gracias o respeto,

ser palabra salvaje,

dispuestos siempre en la nieve al fuego,

negando todo lo dicho en antiguos poemas

herejes a su credo polvoriento.

 

 

Cosechemos lo que no se niega

ni ennegrece la primera sangre,

abandonémonos a eso que tierno

nos desborda y se vierte,

fluye conmigo por los bordes desnudos

de lo libre que solo nace,

infantes prisioneros por el llanto azul de un ángel.

 





Poemas de Manuel Luna

26 04 2012

 

Luz

“Creo en mi corazón,
el que yo exprimo para
teñirte el lienzo de la vida…”

Gabriela Mistral

Siento me surgen aves del pecho,

que mi vientre tiembla ante el frenesí de mariposas,

revoloteando por doquier que son flores sus manos,

intensas extensiones del brillo que pueblan sus ojos,

vivos, infinitamente inocentes e intensos,

que entran cantando sin que pueda defenderme

ahí por donde creí eran imbatibles mis murallas,

donde me dejo ser y la libertad de mis palabras me define. 

 

Me extendiste la luna de pronto,

abriendo una herida tierna por donde brotó

el néctar dulce que nadie sospecha de este corazón inquieto,

de nada vale quiera desplegar mi manto de espinas,

en ti no hay nada de la guerra que fueron mis días,

ese oscuro recuerdo por donde navegue tantas veces

hasta volverme naufrago aferrado a los libres versos que no di. 

 

¿De dónde te viene esa clara luz que te puebla la risa?

ese resplandor que no puedo comparar con otra cosa que no sea miel,

que aleja si lo deseas cualquier palabra vana o cualquier maleficio,

te me presentaste como lluvia viva en este planeta muerto,

como si fueras esa calma que podría merecer tras la ausencia,

si entendieras no quiero reemplazar ninguno de tus colores,

deseo habitar algo de ese brillo que te nace en medio de los párpados,

que consideres genuino este sentir que el mundo rechaza,

deja si es posible que la ternura de estas palabras te llenen

den calor y alivio a todo eso que te han cargado sin merecerlo.

 

Un manifiesto que clama por la América que sostiene al mundo

Noche mística de luna, selva, hogueras y guitarra

noche húmeda y densa, de sangre bravía y danza

ya van llegando los ecos valientes del verso de Martí, el amor de Neruda

el retumbar del paso decidido de Guevara,

de Sandino, Zapata y Bolivar,

noche latinoamericana, al ritmo de Yupanqui,

la vos y la esperanza de Víctor Jara y Violeta Parra

mural diverso como los de Rivera,

aún sangran las venas abiertas de mi América Latina. 

 

Mi América Latina,

América Indígena,

América negra,

pujante, resistes y no callas,

América que rezas,

que baila, que no olvida sus desaparecidos

que canta a la memoria del guerrillero caído,

del estudiante muerto, de la mujer libre y revolucionaria,

esta América que carga las cadenas que del norte caen

que terminan en un grillete de barras y estrellas. 

 

Mi América bendita,

América sangrante,

aquí estamos tus hijos e hijas,

haciendo retumbar tus calles,

levantando la voz cada vez más alto,

sin ceder al bastón negro,

al metal indiferente de la bala cobarde,

América Latina santa madre,

estas en cada consigna. 

 

Defenderé tus ancianos,

resistiré  con las Madres de la Plaza de Mayo,

denunciaré el cómo y el por qué siguen masacrando indígenas y estudiantes,

defenderé la tierra que sostiene los sueños del campesino

al bosque catedral, verde y herencia única de nuestros hijos,

sin importar el golpe, el encierro, o el correr de la sangre. 

 

Vamos a romper tus cadenas,

a luchar contra el sistema que trae del cuello

y te quiebra los pies, no van a callar a este gran pueblo,

por el futuro de los infantes,

por el porvenir venturoso que merece nuestra gente,

esta América que habla bribrí, guaraní, español,

esta América que baila tango, sandunga, o samba,

orientada el pasado de la lucha del azteca,

por la sangre Ngäbe,

por Frida, por lo estudiantes masacrados,

levantaremos la voz y las manos,

para respetar la memoria de esta subcontinente

que aunque herido, sigue luchando.

 

He aquí la tierra que heredamos

“Beso el barro, amo el estuco delicado,
me inclino ante los sabios estelares,
ante el pueblo que contaba los luceros
y escribió sobre basalto la única historia verdadera
que se ha escrito en esta tierra.”
Luis Alfredo Arango

He aquí la tierra que heredamos

libre, rebelde, sacra y fértil,

no la deseo mía, porque a nadie pertenece,

pájaro y luz son sus fronteras

ningún hombre-dios puede someterla,

nadie aquí desperdicia barro en sus caras,

nuestra fe cree en lo que se siembra

el fruto doloroso engendrado por nuestras manos. 

 

A las aves le confiamos los años,

los vividos, los sufridos, los oscuros y los amados,

algunos nos caen feroces como sombras,

otros crecen alimentándose del frío,

los concebimos como fugases reflejos del río,

fortuitos como los astros que contemplamos

o esas cosas que acumulan las gavetas,

los estrenamos como si fuesen nuevas manos,

pues no comprenden lo que dividen

ni resisten el verde que les cantan los ancianos. 

 

Estas son las aguas por las que vagamos,

desbocadas cuando buscan el amor,

salvajes ante la noción de las cadenas,

apacibles si los días nos irrumpen en la belleza,

puras y claras nos refrescan la mañana,

son rubores cuando el sol se tiende en la línea lejana,

se abrieron paso hace incontables eras,

dando forma al vientre y al abrazo de la madre tierra. 

 

Estos poemas son lazos,

poderosos, enteramente sencillos,

tan francos que ningún dios puede recrearlos,

nos nacen para dar sentido al fuego,

a cada noche triste

para premiarnos con nuevas estrellas,

vienen del alma, se nos graban en los ojos,

y se encienden cuando nuestros niños

les dan carne mediante el arte de sus labios. 

 

He aquí la tierra que heredamos

libre, rebelde, sacra y fértil,

cada vez menos negra

tristemente gris más seca

invadida por la ambición blanca

podrida por la fiebre dorada,

asqueada ya de tener que tragar huesos y sangre,

de tener que recibir los cuerpos destruidos de sus hijos,

tierra, dulce y sacra madre,

el invierno viene y los verdaderos humanos te defenderemos,

hasta que el musgo te sane y lo cubra todo de nuevo.

 

Conozca más sobre la obra de este autor en
http://palabralibreymovimiento.blogspot.com/